La conquista femenina de los ministerios


La mujer a diferencia del hombre ha tenido que labrarse una carrera laboral derribando las trabas que éstos les ponían por el camino durante siglos. En primer lugar, este artículo no sería necesario si esa igualdad existiera, y más aún, si lo hiciera en el terreno político. Pero la realidad demuestra que la igualdad en política todavía no existe  y está en mis manos sacarlo a la superficie para recalcarlo y apostillar que aún queda un arduo camino por recorrer, a pesar de creernos haber superado los estereotipos y roles patriarcales impuestos desde nuestros orígenes.

Los inicios del género femenino en política no se remontan tantos años atrás como las nuevas generaciones creen, sino más bien a un par de décadas de despegue en el que verdaderamente se ha llegado a los ministerios, aunque con mucho más esfuerzo a las presidencias. Hablar a escala global de este tema es imposible, pues el contexto demográfico, histórico y político es diferente en cada uno de los rincones del planeta y por ello me centraré en el caso español, que muy a mi pesar, parece ser el último de la fila.

Aunque este análisis parta desde los orígenes de nuestra tardía democracia, no se puede dejar de lado un caso en particular, el de Federica Monteseny, que durante la II República, en concreto entre 1936 y 1937, ocupaba el Ministerio de Sanidad y de Asistencia Social, una cartera que, como veremos más adelante, parece quedar relegada a la mujer.  Después de acentuar el trabajo que Monteseny llevó a cabo durante este periodo de la historia española hay recordar que el silencio democrático llegó a España hasta los años 70 y en añadido, el papel de la mujer en la política hasta una década después.

Corría el año 1981 cuando el nombre de Soledad Becerril se erigía como el de ministra de Cultura en el gobierno de Adolfo Suárez y su partido desaparecido UCD. Era la primera vez que una mujer ocupaba un cargo político, que hasta entonces había sido ocupado por hombres. Eran años de transición en España, y la mujer empezaba a adquirir fuerza en el panorama social y político, gracias, en parte, a las Conferencia de Copenhague de 1980 donde se espetaba el papel que la mujer debiera tener para la sociedad contemporánea.

En esa Conferencia se promulgaba una mayor igualdad de acceso a la educación, a las oportunidades de empleo y a los servicios adecuados de atención a la salud; aunque también se explicaban las discrepancias entre esos derechos jurídicos y el poder de éstas de llevarlos a la práctica: falta de asimilación masculina al nuevo papel femenino, carencia de reconocimiento del valor de las contribuciones de la mujer a la sociedad, escasez de mujeres en posiciones de adopción de decisiones, insuficientes servicios para apoyar el papel de la mujer en la vida nacional y falta de sensibilización entre las propias mujeres respecto de las oportunidades disponibles.

Con estas nuevas ansias internacionales de intentar dar un paso adelante en cuestiones de igualdad, junto al nuevo sistema surgido en España, la democracia, Soledad Becerril consiguió ser pionera en política y tener un verdadero peso en la cultura de nuestro país, de especial importancia en esos años de cambio. Con el trabajo llevado a cabo por la que después sería alcaldesa de Sevilla numerosas mujeres empezaron a interesarse por la política y a unirse a los partidos que habían sido afianzados tras la derrota del franquismo.

Pero no será hasta el Gobierno de Felipe González, entre 1982 y 1996, cuando por fin las caras femeninas ocupen más de un Ministerio. Durante las cuatro legislaturas presididas por González, políticas como Rosa Conde, Matilde Fernández, Cristina Alberdi, Carmen Alborch y Ángeles Amador se hicieron con las carteras de Cultura, Sanidad y Consumo, Asuntos Sociales e incluso Rosa Conde fue nombrada ministra portavoz del Gobierno durante la III Legislatura. Pero la mujer todavía seguía ocupando ministerios, que sin quitarle el mérito correspondiente, no tendrían tanto peso como el Ministerio del Interior, el de Asuntos Exteriores, Economía o Defensa, reservados para el hombre.

En 1996 España dio un giro a su política y eligió en las urnas como presidente a José María Aznar, que formaría Gobierno desde ese año y lo ampliaría hasta 2004. Durante esos ocho años Aznar puso en el candelero a políticas como Esperanza Aguirre y Pilar del Castillo frente al Ministerio de Educación y Cultura, Isabel Tocino y Elvira Rodríguez en el de Medio Ambiente, Celia Villalobos y Ana Pastor en Sanidad, Loyola de Palacio en Agricultura y Pesca y Anna Birulés en el de Ciencia y Tecnología. Además daba un paso adelante cuando designaba a Julia García Valdecasas como ministra de Administraciones Públicas, a Margarita Mariscal de Gante como ministra de Justicia y a Ana Palacio como ministra de Asuntos Exteriores, la mayor revolución política en la esfera femenina hasta entonces.

A pesar de estos avances, el paso definitivo hacia la igualdad de la mujer no se produciría hasta la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero y, por ende, hasta la vuelta del Partido Socialista Obrero Español al poder, símbolo del avance en la equidad de género en España. Así una mujer, María Teresa Fernández de la Vega llegaría a alcanzar el puesto de vicepresidenta primera, ministra de la Presidencia y portavoz del Gobierno; Carme Chacón sería designada ministra de Defensa y Elena Salgado ocuparía la cartera de Economía, además de otras catorce mujeres que ocuparían diferentes carteras ministeriales que abarcarían cada uno de los campos, aunque nunca llegarían al Ministerio del Interior, un camino aún sin descubrir para las féminas.

Con todas estas idas y venidas del poder hemos visto la evolución de la mujer en el terreno político, aunque todavía falte tiempo para ver por fin a una presidenta del Gobierno. De una sola ministra elegida por UCD, pasando por las cinco del Gobierno de Felipe Gónzalez y las once de Aznar, hemos llegado a conseguir que diecisiete mujeres estén a cargo de los ministerios españoles. Ahora España ha vuelto a dar una vuelta hacia el pasado y la representación femenina sigue siendo una incógnita hasta que Mariano Rajoy vuelva a formar gobierno.

Personalmente espero que el presidente electo siga con una tónica similar a sus predecesores, eligiendo por sus méritos a las ministras que considere oportuno, porque esto no es una cuestión de ideologías de derechas o de izquierdas, ni siquiera de países desarrollados o subdesarrollados (véase el caso de la India con su presidenta Indira Gandhi ya en el año 1966), sino de sentido común y de igualdad y en esto España no puede retroceder, porque entonces alcanzar la presidencia será un objetivo interminable.

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